22 septiembre 2009

3. Aislamiento

«El aislamiento es el premio»
Voluntario o involuntario, siempre resulta duro. Cuanto más anciana es la persona tanto más afecta a su conciencia. De pequeño la soledad era todo un placer, casi un deber: «el mundo está ahí fuera, sí, ¿y qué? Aquí estoy bien». Cuando empiezas a adquirir conciencia todo se va al traste. La lluvia empieza a repiquetear en la cabeza y puedes acabar en el manicomio. Dulce, dulce soledad, parece que la libertad cabe en la mano, pero aún estás atado a todo ese mecanismo que te intenta destruir, idiota.

Creo que hay algo detrás de todo esto. Algo que intenta decirme: «Eh, muchacho, sigue tu camino, no apartes tus ojos de ahí». Hoy mientras estaba sentado en un banco bebiéndome una Coca Cola un hombre de unos treinta años se sentó a mi lado. Después de decirme que llevaba mucho bulto me soltó esta perla: «Realmente estoy solo aquí, bueno, está mi hermana pero ahora no está aquí. ¿Sabes? No me siento solo en esta ciudad. Quien se siente solo aquí es porque quiere. Estoy solo, pero me siento acompañado». Créanme, esto sucedió. Como si de un guía espiritual se tratase. Y es así, Madrid es poderosa, está viva. Mi querida ciudad-refugio.

¿Cómo llenarse en un aislamiento agudo? No lo sé aún, pero lo intento, juro que lo intento. Lo más complicado es no tener a nadie a quién contárselo. Nadie. Todos te hacen sentir estúpido. Ellos no tienen tu problema y tampoco es interesante. Es una tontería de niño chico ¿verdad? ¿Aguantarías la presión a esta altura? No lo creo. Es más complicado. Hablo de no tener nada a lo que agarrarse. El metro va a parar, pero han desaparecido las agarraderas. Hace tiempo dejé de ser niño chico, sabe, y… no me apetece volver a discutir sobre el mismo tema con usted. Ha perdido mi interés.

Libros, libros, libros, dan la vida, la fuga, el escape de este basurero. Pero no hay que olvidar lo que decía Schopenhauer, sólo los buenos, los buenos, la vida es corta para desperdiciarla con los malos.

Sólo espero que algo ocurra. De hecho, así no están del todo mal las cosas. Ya saben, la búsqueda del yo, el Teatro Mágico, la elevación espiritual, pero… nada como una mujer, y todos sus secretos por descubrir. ¡Al diablo el ego y la espiritualidad, y los libros y el mundo entero envuelto en periódicos sucios! La pasión, l’amour fou, que vengan a mí y no querré nada más. Váyanse todos, sólo necesito que abracen a mis lágrimas y todo irá rodado, todo irá rodado.

19 septiembre 2009

2. Relaciones

Nunca estás solo del todo. Siempre hay alguien por ahí danzando que te puede sacar unas horas del abismo. Pero no me miento, sigo muy alejado. Quizá esto esté bien como está. Aún así el elemento humano es importante en extremo. Yo mismo me vuelvo loco en los días de soledad. Es inevitable sentirse asqueado y hastiado con el mundo. Siempre hay una esperanza, ¿verdad?, una salida. Por eso lloramos y hacemos lo que hacemos.

Nunca se me dieron bien los grupos. Siempre hablaban de cosas demasiado reales, hacían cosas demasiado reales, La realidad no es mi sitio. No lo sé muy bien, ¿saben? Tengo aquí dentro muchas historias, y, no sé, creo que todo esto debería romperse de algún modo. El destino me cruzó con multitud de personas, pero ahora… todo parece desaparecer como el sentimiento de satisfacción después de un día bueno, o como un instante. ¿Se han fijado? Todos los instantes parecen desaparecer cuando en realidad todos son el mismo.

Ahora estoy solo. Padres dormidos a punto de despertarse, música sensible, persianas bajadas, nariz lacrimógena, pensamientos relativos, latas vacías, el reflejo de una televisión apagada. Esto soy yo. Estoy en el camino. En estos momentos comprendo todas las atrocidades que ocurren ahí fuera. Entiendo los suicidios, la droga, toda esa mierda. Hay demasiada presión. Habría que romperlo. Explotar. Pero no es tan fácil, ¿verdad?

12 septiembre 2009

1. Principio

Cuando la familia no existe, el hogar no te acoge y los amigos desaparecen mientras el tiempo seduce a la muerte, entonces, es el momento de levantarse y escapar. El momento de inicio se recuerda muy bien. Cuando sientes que algo se ha quebrado, el tren se metió en el camino equivocado y la incomodidad ante esta situación terrorífica despierta al miedo y a la duda. Piensas «¿qué demonios está ocurriendo?». Aún no sabes nada. La chispa desencadenará un desfase en el destino y no está de más decir que… volver atrás no es una opción.

¿Qué decir? He tenido muchos principios. Pero no recuerdo ningún final. Aunque siempre se me ha dado mal recordar el final de todo; películas, días, canciones. Quizá me niego a aceptar un final, y simplemente lo olvido. «¿Quién ha oído hablar del final?» Y así con todo. Pero quería hablar del principio. Siempre acelerándose uno. Las raíces. Tal vez ahí se esconda la esencia. Es duro saber que algo malo va a ocurrir y que, a pesar de saberlo te va a pillar despistado. Está ahí, se puede oler. ¿No lo ven ustedes? Inútiles. Todos. Maldito el día en el que la luna deja de bailar. Maldito el día en el que su mirada ya no te protege. Maldito el día en el que el amor propio no vale nada. Todo empieza en algún momento ¿no es así?

Mi naturaleza me llevó desde pequeño a prepararme para todas estas cosas de la miserable vida humana. Sólo observaba, como si fuese un espía. Sí, muy curioso. No hablaba, no tenía nada que decir. Sólo debía hablar conmigo mismo. Me fijaba en cada milímetro de todo lo que me rodeaba, y yo, de forma pasiva, lo iba recopilando en carpetas que aún conservo en mi mente. Aún sigo recopilando. Sigo estudiándole, cada cosa que diga, no se crea a salvo. Estas carpetas son y fueron mi manual de instrucciones. No para lo que DEBÍA hacer, sino para defenderme.

El principio es lo que tira del resto. La mano que tira del hilo y que provoca todas estas pequeñas catástrofes. No he dicho nada sobre las cosas felices de todo esto, pero tampoco tengo mucho que contar.

08 septiembre 2009

Introducción

Era más difícil de lo que yo pensaba. Los días han pasado demasiado lentos como un café demasiado caliente. La calle se ha quedado vacía y todavía está el sol encendido. La adolescencia se ha convertido en un laberinto estúpido, vacío de contenido cuando todo parecía ser fiesta y alegría. Todo se ha convertido en odio y se ha esfumado. ¡Cuántas ligaduras se han roto! Como un pájaro en una jaula recién abierta. El temor y la pereza sobrevienen y el vacío vuelve a bombardear una tierra árida.

¿Dónde se esconden todos? No hay nadie, completamente nadie. No en mis calles, no en mis miradas, no en mi ciudad, no en mi habitación.

Hay que romperlo, no puedo dejar que el miedo tape la esencia, ni que el aislamiento me haga retroceder. ¿Y cuando vuelva a despertar todo será distinto? No creo. Siempre está ese maldito dolor de cabeza, el sol soporífero que quema sin compasión. Y siempre habrá cuatro paredes para volverme loco. Relájate amigo, eso ya lo sabías. Empecemos por el principio.

03 junio 2009

Del blanco al negro pasando por el gris

El viejo camionero siempre deja su camión exactamente a las doce de la noche, aparcado en doble fila todos los días. El motor ruge escandalosamente en la tenebrosidad de una calle que no será recordada. Once minutos después vuelve a dominar a su fiera y despierta a los gatos que duermen debajo de tubos de escape. Hace veintiséis minutos que se fue en su rutina y yo estoy sorbiendo mocos como si fuese invierno, pero la primavera acecha peligrosamente. Dueña de mis noches, Inspiración se encaloma en el alféizar y me suspira con toda la tristeza del mundo el porqué de estar aquí. Yo le guiño un ojo y ella me responde con versos alejandrinos que la noche es demasiado profunda como para desperdiciarla en una cama. Un ataúd con sábanas.

Pasé toda la noche pensando en mi romanticismo, lejos del televisor. Me autodestruyo y es tan placentero como cuando encuentras alguna de tus películas favoritas en un Daily Price por cinco pavos. Ahora quiero permanecer solo. Se reafirma mi alejamiento mental con las personas cada vez que mantengo una conversación. Y eso me deprime. Así que me quedo en mi rinconcito, dejando caer mi cabecita sobre la pared. Y dejo de pensar. A la mierda. Escucho a los coches insultando en la ciudad, a los gatos que cruzan la calle buscando su destino y siento cómo me dicen «Eh, tío, aquí abajo se está mucho peor que allí arriba donde está tu culo, pequeño mamoncete».

Quiero vomitar, debe ser algo mental. Mi alma alivia su dolor con dolor físico. Mis manos están rojas, parece sangre. Quizá asesiné sin darme cuenta como un fantasma del metro. Sólo es la tinta de un bolígrafo rojo con el corazón roto. Hace frío aquí abajo, así que enciendo la luz que me calienta después de desvelar las telarañas del techo. Pero no me preocupan, ellas no han hecho nada. Los hijos de puta están ahí abajo esperando a que salga, pero se llevarán una sorpresa. Dormiré y me estaré bien quieto preparando mi estrategia. Yo soy vacío, ellos son vacío, somos el mismo vacío. Ahora la muerte no parece tan fuerte.

24 mayo 2009

Autodestrucción de un romántico

Me gustaría estar en otro sitio para ver el crepúsculo adulador desde otra perspectiva. La mediocridad se eleva en la ciudad como un géiser de monóxido de carbono que ahoga y aprieta los huesos. Y dura, y dura desde que el mar bañó a la arena, hasta que el sol se nos coma como una palomita de maíz. Debería montarme en un tren de mercancías en marcha y compartir mi historia con el viejo vagabundo y su hatillo de verdades absolutas. Y después dejarme caer en el prado y reescribir mi historia y vivir un romance bucólico entre ríos y afluentes. No avisaré de nada, tampoco importa demasiado como para que os preocupéis, mientras prevalezca mi soledad estaré seguro. Dormiré en pozos de vodka barato para terminar soñando con alguna psicodelia que me haga sentir estúpido por la mañana, o noche. Mientras tanto sigo evitando edificios con la mirada. Pensando en Christopher, en Hermann y en otros tantos perros que huyeron de la lluvia, la que todavía no ha limpiado ni las calles, ni mis zapatos. Quizá el polvo lo acabe por enterrar TODO y el sentido se pierda, o ya se halle perdido. Pero la tormenta todavía no nos ha cogido, compañero, por eso todavía sigo mirando por aquí, esperando su no aparición. Aunque no hace falta recorrer kilómetros mientras pueda cerrar las persianas y bajar mis párpados y cerrar la ventana y tapar mis oídos.

¡Y ya está!¡Todo desapareció! Sin embargo, sólo durará hasta que Ella vuelva para volcarme a la Realidad. Sigo bebiendo con la lengua seca las gotas de plástico quemado. Porque la bombilla calienta ahora, cuando mi corazón se para a la hora exacta y dejo por escrito lo que me dicen unos post-its pequeños, amarillos, escritos por mi ego pasado, alguien que no conozco de pura espiral que nos marea.

Antes, por la ventana, vi a dos jóvenes que no acerté a reconocer. Uno me recuerda a Carl Allan, un antiguo amigo, porreta y estúpido. No terminó sus estudios, no por conformismo, sino por su absurda mente contaminada de toda esa basura que se expande por ahí abajo. Como decía, el chico me recordaba a él. Algo que me impactaba (más tarde concluí que no era él, me engañaron sus gestos de artrítico). La chica me gustaba. Tampoco la reconocí. Tenía el flequillo largo y hacia un lado, no era exactamente mi ideal de flequillo, pero se le acercaba peligrosamente. Entre mis miradas de voyeur, esperando a que se levantara, estos dos jóvenes inocentes se abrazaron. Ella se acopló en el regazo de él, de tal manera que parecían dos piezas de puzzle no mal encajadas. Cabe decir que estaban sentados en la acera, cerca de un portal, apoyados en un muro. Concretamente en una pequeña esquina.

Me pareció maravilloso y pronto empecé a sentir celos. Yo también quería a esa mujer que encajaba en mi regazo. Una que comprendiera la individualidad, que supiera de ella y de su inmortal valor. Inmortal porque lleva directamente a la eternidad. La soledad del lobo estepario que deduce de la vida más esencia que la civilización allí en la orilla de los ríos, en las sombras de grandes edificios y de escaleras casi eternas que no llegan al cielo.

La cumbre siempre está a trece kilómetros de mi culo y no es que me quede yo estancado como cuando el primer amor te deja en la laguna de la feroz pasión adolescente. Sigo bailando de baldosa en baldosa, subiendo más y más acompañado por la nostalgia. Lo único que puedo hacer es acurrucarme en una pequeña esquina y permitir que el sueño me deje caer en alguna ciudad sin nombre y sin calles.

12 mayo 2009

I don't know who I am

No estoy feliz. No tengo paz. Las cosas no van del todo bien. Duermo una media de cinco horas al día. Soy como un lápiz, siempre en decadencia, a veces me afilo, pero no dura más allá de dos folios y el límite se acerca. La soledad no es completa. Me duele el estómago.

Entonces me encuentro en un estado de evaporación. Me siento bien. Sufro con el recuerdo pero estoy sufriendo en una nube de azúcar. Quiero llorar y me siento bien, porque Ella deja huellas en mi cuaderno todas las noches. Y es eso lo que quiero. Aunque sus piernas se abran para otro, me alimenta de odio y de celos y me siento bien porque cada vez quedan menos líneas y el lápiz de está gastando. Que ya no me queda con quién compartir las tardes enmascaradas de hastío incompatible. Pero me siento bien porque estoy apostando al cero y las fichas son mías.

A decir verdad, ya no me siento tan bien. El sacapuntas se ha roto, la mina se ha partido y Ella ya no contesta. Todas las fichas siguen a mi lado, pero en la mesa ya no queda nadie. Han apagado las luces y yo me resguardo en una esquina sin estar seguro de querer los ojos brillantes de nadie. Quizá sea mi salvador, o mi enemigo que está listo para llenar de plomo mi cabeza. Y la memoria se tornará humo, y los deseos se convertirán en una llamada a cobro revertido con el Diablo. Las luces de emergencia me hacen recordar que estoy atrapado, y que si busco alguna salida siempre mire hacia el oeste.

08 mayo 2009

Sólo era un futuro mejor

«Eres un drama», me dicen cada vez que les enseño algo de mi sabiduría. Pues sólo los lunáticos llegan a ser felices un 80% del día, y los observadores, los que saben lo que ocurre en estas esquinas, se vuelven locos de pesimismo. Puedes terminar descargando dos cartuchos de una carabina en tu boca, o ahorcado en una farola que te ilumina la cara de fría hiel. Los más de ellos supieron algo que ninguno alcanzó a entender. El hastío provocado por ser un residuo que no debería exponerse a la regulada conciencia de la calle. Pero nada está claro, y por eso el arte va danzando por allí y por allá, en barcos de papel malhechos que navegan en el whisky de un desamor, o quizá sólo sea el reflejo de algo más grande.

Aquí estamos, y yo sé que tú y yo nos entendemos. Demos, entonces, un paseo rodeando la vulgaridad. ¡Salgamos de aquí! Sólo debemos tomar la siguiente salida. Ésa será la buena. Y seguiremos rectos sin pararnos. Levantaremos polvo durante kilómetros y nada nos sacará del camino, porque el camino es nuestro guía... pero.. tú... ¿quién eres?

05 mayo 2009

Have you gone?

Siento celos del aire
que roza sus encías,
cuando me insulta.
Qué locura me hizo creer
que yo sería aire
y ella,
ella no sería mucho,
sólo una pizca de algo.
Pero el sol se fue y,
bueno,
aquí estoy yo,
y tú estás por allí,
lejos,
seduciendo a pobres
cuerdos con vestidos a dos tonos.
Mañana no te veré
pero quién sabe
si soñaré
contigo.

30 abril 2009

Las mañanas son clavos vomitados por el diablo

Las sábanas apoyaban mi idea de quedarme nueve años enredado en ellas, cuando el crepúsculo avisaba de que el descanso había acabado, la actuación sigue entre medios sueños que desconciertan a la conciencia. Mi desayuno está restringido a un poco de leche, mi estómago, por la mañana, quiere que lo dejen tranquilo. Ante un momento de superflua existencia, me di cuenta de que el frío primaveral me helaba las pestañas. Rezongué un poco y me volví a arropar con las Santas Sábanas, bendecidas por Dios y pontificadas como la máxima potencia a lo que a placer se refiere. No hay nada que hacer. Las mañanas son la pesadumbre, un mal juego que todo humano neurótico debería evitar. Qué desagradable este sentimiento de ser y volver a ser cada día.